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jueves 17 de octubre de 2019
Publicado en EDOMÉX

Maltrato, extorsión y encadenamiento, la realidad en granjas de rehabilitación

Martes, 08 Octubre 2019 16:35 Escrito por  Gabriela García

Frecuentemente, las personas adictas a la droga o al alcohol son atendidas en centros de rehabilitación que no cumplen con los permisos oficiales y que, en muchas ocasiones, operan por cuenta propia y al margen de la ley.

Al interior de estos lugares, más que una rehabilitación, los internos llevan “terapias intensivas”. Jesús "N", quien hace un año logró escapar de un Centro de Rehabilitación, ubicado en la Calzada La Huerta, en la localidad de San Cristóbal Tecolit, Zinacantepec, relata que a los internos los encierran en cuartos estrechísimos y les dan de beber únicamente agua para que suden y desechen las toxinas de su cuerpo.

Durante seis meses, Jesús cuenta que se enfrentó a castigos, extorsiones monetarias, chantajes, adoctrinamiento y golpes, al mismo tiempo que permanecía gran parte del día amarrado de los pies a unas varillas. Señala que esta ha sido la peor experiencia de su vida.

“Ingresé por un problema de drogadicción. Todos los días estaba bajo los influjos de la marihuana. Mi familia ya no pudo y me ingresaron en ese Centro. Cuando llegué, les hablaron bien del sitio diciéndoles que dejaría las drogas de la noche a la mañana. Sin embargo, cuando pasaron dos días, el infierno comenzó”.

Cuando recuerda los días que pasó al interior del Centro de Rehabilitación, las manos de Jesús tiemblan por el miedo y los estragos que le han dejado las drogas.

“Un día normal allí adentro era despertarme y revisar si aún estaban mi ropa y mis zapatos porque se lo roban todo. Después, si había agua, me bañaba con una cubeta. A quienes nos hacía falta la droga, entrábamos en crisis y nos amarraban porque queríamos consumir cualquier cosa. Te da la cruda o el mono o el bajón, como le dicen. Cuando nos poníamos al tú por tú, ahí sí nos daban nuestra chinga (sic)”.

A nivel nacional, de 2006 a 2012, el Centro Nacional para la Prevención y Control de las Adicciones informó sobre la existencia de 560 establecimientos ambulatorios y mil 736 establecimientos residenciales para tratar el problema de las adicciones.

Un miércoles, alrededor de las seis de la tarde, por un descuido del personal encargado de cuidar a los internos, Jesús saltó la barda trasera del Centro de Rehabilitación. Sin embargo, con el impacto se fracturó la pierna. A raíz del dolor, comenzó a gritar y sus quejidos atrajeron la atención de los vecinos, quienes de inmediato solicitaron el apoyo de la policía municipal.

“Aproveché el momento. Ni siquiera me quité los lazos y las cadenas que traía en los pies. Había tubos y no sé qué más cosas. Pude subir pero la barda era de unos diez metros. Pues, me aventé y caí mal. Sólo sentí la pierna dormida y el dolor fue muy fuerte. Ya sólo vi que se juntó la gente y me echaron la mano, hablándole a la patrulla. Fue así como salí de allí”.

Los familiares de los adictos pagan de 700 a cinco mil pesos mensuales en algunos Anexos. La promesa de que saldrán “curados” de cualquier problema es tan creíble que no les importa pagar esa cantidad o hasta más.

Ahora bien, para que un Centro de Rehabilitación pueda operar debe cumplir con ciertos requisitos, que son: acta constitutiva, constancia del representante legal, RFC del establecimiento, Clave Única de Registro de Organizaciones, aviso de funcionamiento, aviso de responsable sanitario, reglamento interno, programa general de trabajo, manual de procedimientos, guía operativa de referencia, relación de servidores y croquis del establecimiento.

A 11 meses de haber huido del Anexo de La Huerta, Jesús dice estar limpio. Sin embargo, por las noches, al cerrar sus ojos, los episodios de ansiedad se presentan cuando recuerda las agresiones que recibía en aquel sitio, donde le ofrecieron dejar las drogas sin tener que sufrir un infierno.