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jueves 17 de octubre de 2019
Publicado en EDOMÉX

Vecindarios violentos, semilleros de odio y delincuentes

Viernes, 20 Septiembre 2019 16:54 Escrito por  Fernanda García

Factores como la desintegración de la familia, pérdida de valores, falta de políticas inclusivas para los jóvenes, violencia estructural, pérdida del sentido de comunidad y muchos otros han fomentado que los jóvenes se vayan por el camino de la delincuencia desde muy temprana edad, por lo que a los 14 años ya están recluidos en correccionales por diversos delitos, entre ellos robo, homicidio y secuestro.

De acuerdo con diversos especialistas, la pérdida de los espacios comunitarios, así como del sentido de comunidad, fomenta al desequilibrio social. De este modo, los vecindarios se han convertido en en dormitorios violentos, en especial en comunidades rurales y complejos habitacionales de interés social.

Natalia Ixchel Vázquez González, investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex), consideró quela violencia estructural ha propiciado que la violencia callejera aumente, ya que la falta de oportunidades, sobre todo para los jóvenes —a quienes considera actores sociales—, es lo que ahorca la esperanza de una vida mejor.

“El problema de la inseguridad se entiende, desde el punto de vista de los Estudios para la Paz, como aquello que hoy se ha perdido y que mañana no vas tener. Es decir, hay un desequilibrio y una desigualdad. En este contexto se da la violencia estructural. No tienes acceso a educación y oportunidades, o tienes un trabajo mal pagado o mal reconocido. Eso permea en los proyectos de vida”, comentó.

A su parecer, todos estos factores en conjunto provocan desesperanza y resquebrajamiento social, lo que impulsa a los jóvenes hacia la indiferencia total, pues “no tienen nada que perder”. En su decir,para contrarrestar esta situación, se hace necesaria la creación de políticas públicas que atiendan a este sector de la población de manera transversal.

“Los jóvenes son el sector que está en mayor riesgo, ya que siempre han sido valorados desde la mirada adultocrática. Las políticas públicas que están encaminadas a ellos los consideran solo receptores y jamás se ha pensado en ellos como actores. No hay políticas públicas para que un joven tenga acceso a una vivienda, por ejemplo. Los consideran irresponsables y culpables de todo. ¡Y perdón, pero no! El joven es un actor social y se debe encaminar su desarrollo pleno”.