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Publicado en OPINIÓN

Caras nuevas, peores mañas

Domingo, 20 Septiembre 2020 21:53 Escrito por  Pedro Chuayffet

En el ámbito local del Estado de México, se vive una constante decadencia política en la que aquellos con la capacidad económica para simular por medio de dádivas y promociones, se hacen con los espacios de participación, quitándoles las oportunidades a los verdaderos representantes populares, quienes sí cuentan con la experiencia y la preparación para servir, y, sobre todo, a quienes actuarían en favor de las mayorías con base en ideales y ética, a diferencia de los ambiciosos con pretensiones de corromper a la gente.

Disfrutan vendiéndose como caras nuevas, procedentes del empresariado, pero la verdad es que ni son destacados en sus actividades en la iniciativa privada y, por más novedoso que sea su rostro, han mostrado peores formas que lo más rancio de la clase política; sin contar que estos representantes de la minoría no cuentan con el mínimo de estudios, experiencia, ideología y moral necesarios para desempeñar un rol como servidores públicos.

Entre sus peores mañas se cuenta el excesivo gasto en promoción en medios de comunicación y visuales impresos; es tal su falta de conocimiento sobre la realidad social que escogen despilfarrar miles y miles de pesos en darse a notar en un país con casi 70 millones de personas viviendo en pobreza. Resulta inmoral querer secuestrar las instituciones fabricándose una imagen falsa con tanto dinero en una nación de profundas desigualdades.

Otra característica que demuestra como ser una “cara nueva” no significa ser mejor (al contrario, son hasta peores que los representantes del sistema) es la gran irresponsabilidad de saberse sin ningún tipo de experiencia o preparación en el servicio público, y aún así pretender hacerse de espacios hechos para construir igualdad para la ciudadanía. No les importa no ser aptos para gobernar mientras puedan satisfacer sus ambiciones y utilizar los cargos en beneficio y privilegios particulares. Además, muchos caen en la clara intención de pretender engañar a la población, vendiéndose como exitosos representantes de la minoría empresarial ajena a la clase política, cuando realmente son muy allegados a las figuras públicas tradicionales, a las que, supuestamente, planean enfrentar.

Finalmente, se agrega a los rasgos del político improvisado el hueco ético de participar carente de conocimientos políticos, ideales, ideología, sin un proyecto real y sin trabajar por la gente, a menos que haya hueso de por medio.

Por todo lo anterior, personajes de esta índole no pueden engañar al pueblo, porque solamente van a dañarlo más. Buscan ser identificados como nuevos actores, pero, en realidad, son mucho peores que lo más obsoleto del sistema. Las características enlistadas evidencian cómo estos personajes son inexpertos guiados por la ambición, siendo totalmente irresponsables con las terribles consecuencias que pudieran traer sus acciones a la población. Si como ciudadanía perdemos de vista esta terrible tendencia que va a terminar por erosionar nuestras instituciones, las minorías seguirán monopolizando el poder y capturando al Estado para beneficios personales. El poder político debe ver por el bienestar de la mayoría y no ser un capricho de ambiciosos con intenciones de acumular cada vez más.

Si triunfan los improvisados con dinero para promoverse, se perpetuará la pobreza y desigualdad existentes; si de verdad fueran diferentes, buscarían alcanzar un cargo a partir de medios honrados, y no perseguirían a toda costa corromper nuestra democracia.

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