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Publicado en OPINIÓN

El simplismo de la juventud política

Domingo, 09 Agosto 2020 21:56 Escrito por  Pedro Chuayffet

En México, problemas como la desigualdad, la pobreza, la violencia y la inaccesibilidad a los derechos más apremiantes se ha ido agudizando desde el comienzo de la transición democrática, aunque, en las siete décadas previas, estas injusticias fueron un problema latente en la configuración social nacional. Como sociedad debemos encontrar las rutas para demandar más de nuestras autoridades y ponerlas a trabajar para beneficio de las mayorías. Si bien, todos somos parte de la construcción de un mejor país, es importante analizar el rol de la juventud pues, en un futuro, serán los ciudadanos, empleadores, empleados, o funcionarios de nuestra nación.

Hay un vacío intelectual e ideológico en una gran fracción de los jóvenes que aspiran a dedicarse al ejercicio de la política. La carencia de ideas y la falta de profundidad en el análisis lleva a muchos a repetir la simplista consigna que dicta: “los jóvenes somos quienes resolveremos todo”. Es preocupante pues, sin honradez intelectual, sin reconocimiento de la realidad social, sin conciencia, conocimientos o estudio, la población estará condenada, en unos años, a ser conducida por gente que percibe la realidad con estereotipos.

El estereotipo que exclaman algunos sobre la juventud como única solución para salir adelante, no sólo admite una visión básica del país y sus problemas, también excluye a valiosas generaciones y sectores como si la experiencia de adultos y adultos mayores y la vital labor de trabajadores y obreros fueran secundarios, incapaces de sumar o estorbos en un proceso de cambio. Los jóvenes no pueden ver el país con simpleza, los problemas de México evidentemente no se solucionan con la participación de un sector minoritario que ignora a los demás, mucho menos cuando se deja de lado la veteranía.

Es peligroso caer en estereotipos, pues es admisión de holgazanería para formarse y percibir la realidad desde una perspectiva más ilustrada. No se puede pretender participar cuando se pretende ofrecer una única respuesta a las centenas de problemas de un país que necesita distintas respuestas en diferentes dimensiones. Pretender abordar toda la problemática con una frase demuestra que quienes participarán en el futuro aún no se preocupan por profundizar su ideología para ofrecer propuestas tangibles. Este sector utiliza esa corta consigna para no comprometerse a trazar rutas útiles ni definir ideales en concreto. Es pretender decir todo sin decir absolutamente nada. No puede substituirse la falta de nociones, vocación, ética y conocimiento con la repetición constante de una idea que por si sola no resuelve la pobreza, la desigualdad, la violencia y la corrupción, además de la demandante coyuntura de crisis económica y sanitaria.

El panorama empeora cuando la juventud política, que ciertamente es el futuro, además de reducir su visión de la realidad a una premisa, utiliza su participación en lo público para posar, aplaudir a quienes han incurrido en escándalos de corrupción, defender a su partido sin importar sus errores, llenar plazas en los mítines y buscar mecanismos para acumular. Aplauden y defienden lo más rancio de la política, pero no se atreven a formarse y ver la realidad con un lente crítico. No pueden añadirse estas prácticas a una visión excluyente, soberbia y prejuiciosa.

Los jóvenes son pieza fundamental de la edificación del país, pero el rol se reduce cuando no hay nociones de la realidad, no hay vocación y responsabilidad en el ejercicio político y no hay ideales para defender en favor de las olvidadadas mayorías. Condenan el rol de la juventud aquellos que sin formación ni patriotismo simplifican la realidad social del país y además son cómplices de las peores prácticas de los partidos en los que militan y figuras a las que adulan. La agenda de la juventud se construye con estudio, con trabajo, con patriotismo, con coherencia y con congruencia.

En conclusión, la juventud política no puede simplificar la situación nacional y las soluciones a una única idea que excluye a la mayoría de los mexicanos.

Los jóvenes estamos obligados a pensar y luchar por una mejor nación en la cuál los derechos sean para todos y no sólo para quienes tienen poder económico para acceder a ellos. Debemos trabajar con mucha más humildad, sin aspirar a la pose y vanidad de gran parte clase política, expandiendo nuestro conocimiento, nuestros ideales, con mucha más responsabilidad y pretendiendo sumarnos a los sectores más experimentados. No podemos excluir, simplificar o rellenar espacios, estamos obligados a luchar con sencillez y amor a México por un mejor país, sin olvidar que para vivir a la altura de dicha responsabilidad se debe estudiar, analizar, comprender y formarse. Nuestra nación demanda de todos, es momento de ser inclusivos y capacitarnos para mejorar este contexto.

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