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Publicado en OPINIÓN

Entre la plutocracia, la corrupción y la incompetencia

Domingo, 13 Septiembre 2020 22:27 Escrito por  Pedro Chuayffet

Las elecciones locales en el Estado de México pintan para convertirse en las más dañinas para la democracia y la población. Aspiran a gobernar, en distintos municipios, personajes sin ninguna trayectoria, mérito o ideología, cuya única característica es estar motivados por la ambición y vanidad que los lleva a invertir mucho dinero en imagen y promoción mediática, sin sumar un sólo logro en favor de la población de sus localidades. Incluso hay quienes han sido señalados por corrupción, pero eso no les impide, por ética o dignidad, presentarse como una alternativa para encabezar el ejecutivo local.

Es decir, por primera vez en la historia de la entidad mexiquense, la mayoría de las competencias electorales municipales se llevarán a cabo entre actores que carecen de experiencia política, ética, valores, ideología o contenido teórico: Por el contrario, sobrarán aquellos que sostienen las peores formas de publicitarse, lo más rancio del sistema, pura ambición y vanidad, y una visible incompetencia en materia pública. Buscan llegar quienes poseen el dinero suficiente para construir su imagen desde la prensa, aquellos que representan a las minorías alejadas de la realidad social de las comunidades más desiguales.

Partidos políticos estatales apuestan por conformar una plutocracia en la cual una pequeña élite decide en favor de sus intereses, sin tomar en cuenta al pueblo. Estos partidos están repartiendo candidaturas a los representantes de las minorías, a quienes pueden, por poder económico, aportar a sus institutos políticos, cohesionando sus intereses alrededor de la ambición. Por un lado, quienes toman las decisiones electorales acceden a más dinero para sus partidos, mientras que quienes pueden pagar, compran espacios de participación para satisfacer sus ambiciones particulares a costa del bienestar de las mayorías.

Este ejercicio de política de élite es lo más dañino para la democracia; no sólo le ponen precio y la subastan, también le mandan un claro mensaje a la sociedad: la competencia electoral es para quienes forman parte de una minoría y pueden cohechar, no para los representantes de la mayoría, con sólidas guías éticas. Y es inevitable reconocer en este ejercicio el comienzo de la corrupción; cuando las decisiones democráticas se toman por ambición, quien llega al poder gobierna para satisfacer su incesante búsqueda de acumular más y más, dando continuidad a su accionar, cumpliendo con los pactos de cúpula, antes de hacerlo con quienes necesitan del Estado y sus instituciones.

Además, basta con ver el contenido intelectual de los aspirantes para darse cuenta de que no cuentan con un ideario, proyecto o nociones sobre la realidad y sus soluciones; su único mérito es financiero; la llegada de incompetentes al poder se facilita a través del comercio democrático.

La población resulta la más afectada al tener que escoger en la boleta entre personajes sin el menor interés, idea o conocimiento sobre cómo resolver los graves problemas de cada municipio. Elegirán entre ambiciosos sin experiencia, pero capaces de emplear efectivamente las peores formas de nuestro sistema político, consiguiendo sus candidaturas con dinero y relaciones, ignorando a los más rezagados y marginados.

Como ciudadanía, debemos estar atentos y señalar a quienes pretenden participar a billetazos. Si no muestran un ideario claro, intenciones sinceras y un recorrido congruente, debemos rechazarlos en las urnas. Es nuestra responsabilidad exigir representantes populares y no a quienes solamente buscan obtener privilegios a través del poder. Si pretenden llegar promocionándose en medios y pactando con las cúpulas, sin propuestas claras, ética y cercanía, estamos obligados a rechazarlos, de lo contrario utilizarán el aparato público para recuperar lo invertido y dañar, colateralmente, a los millones que padecen las desigualdades producidas por este tipo de inconscientes, incompetentes e irresponsables.

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