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Publicado en OPINIÓN

La Línea Rota

Martes, 16 Junio 2020 10:06 Escrito por  Francisco Paredes

El paraíso perdido

El Estado de México nunca ha sido un lugar tranquilo, nunca ha representado ese paraíso de provincia fuera de una de las ciudades más grandes y contaminadas del planeta, por el contrario la imagen que se tiene del territorio mexiquense en otras entidades es de carencia, desorden corrupción y decadencia.

Lejos quedaron los años en que Chalco, Los Reyes, Chimalhuacán e Inclusive Nezahualcóyotl, eran considerados las sedes de la pobreza y la marginación, de las chozas de cartón en medio de los tiraderos de basura del entonces Distrito Federal. Hoy el desarrollo y la urbanización ha convertido a estos municipios en ciudades dormitorio de millones de trabajadores que se desarrollan en la urbe capitalina.

Por otro lado algunas zonas de Naucalpan, Tlalnepantla, Atizapan y Huixquilucan, crecieron con una visión menos caótica, convirtiéndose en joyas fuera de la ciudad para el desarrollo inmobiliario.

Hoy ese crecimiento desmedido ha traído consigo que las añejas problemáticas que sufría el Estado de México estén más presentes, pues ya no son las chozas de cartón junto a los tiraderos de basura en la zona oriente, o Ciudad Satélite ya no es polo de prosperidad de la clase media mexicana, por el contrario todo se ha convertido en una urbanización con un poder adquisitivo medio, propicio para el desarrollo de grupos criminales que ven esta zona como un mercado de consumo creciente.

Aunado a malas políticas públicas y una impunidad constante, esta región es una de las más violentas del país y concentra los más altos índices delincuenciales por la gran cantidad de personas que todos los días viven y se desarrollan en sus calles, colonias y barrios.

El Estado de México hoy enfrenta entre sus peores escenarios la pandemia de COVID-19, acompañado por una violencia desbordada que no ha podido ser contenida ni con el aislamiento social.

Adicional al tema de violencia y salud pública, la carente educación, las escasas posibilidades de desarrollo entre sus jóvenes y el arraigado clasismo y racismo ha estigmatizado a sus habitantes, generando un resentimiento social profundo e intenso que, al igual que sus otros males, no ha podido ser controlado.

El panorama para esta región no es alentador en ninguno de sus frentes de batalla, por el contrario, la zona conurbada del Valle de México está lejos de ser ese paraíso que se proyectaba a finales del siglo pasado y hoy, más que nunca comienza a contaminar zonas que se mantenían aisladas de muchos males urbanos, como ocurre con municipios del Valle de Toluca.

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