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Publicado en OPINIÓN

La Línea Rota

Lunes, 22 Junio 2020 23:13 Escrito por  Francisco Paredes

Paso en falso

Los ciclos naturales son muy distintos de los plazos humanos y la sociedad actual lo está comprobando de la manera más compleja posible. Los efectos del COVID-19 han roto las barreras políticas, económicas y culturales con una incidencia transversal.

El martes 23 de junio, el Estado de México comenzará el proceso para el retorno a algo que se ha denominado mundialmente como “Nueva Normalidad”; las actividades públicas y comerciales irán retornando paulatinamente; parques, jardines y zoológicos reiniciarán sus actividades con aforos del treinta por ciento de sus capacidades. Esto permitirá que procesos complementarios también regresen a la actividad; sin embargo, en contra del discurso de algunos conspiracionistas en redes sociales, el virus SARS-CoV-2 existe y ha dejado sendas muestras de la fragilidad de nuestro sistema económico.

El retorno a la actividad y el cambio de semáforos no implica la erradicación del virus, por el contrario, evidencia la necesidad económica del país, ya que muchas medidas preventivas se han relajado durante el punto más álgido de los contagios. Más allá de culpar a una política pública, los ciudadanos deben hacer consciencia de los riesgos que se corren ante este panorama, pues hay muestras sobradas de lo atípica que es la enfermedad y ejemplos que exponen un nuevo crecimiento en países donde se pensó que había sido controlada.

México no será la excepción, y el Estado de México, por su densidad poblacional, será el termómetro para saberlo. Por tal motivo, se deben mantener las medidas sanitarias a pesar de la reapertura comercial, pues un paso en falso nos llevará a un nuevo escenario de clausura, del cual será muy complejo que la economía se recupere en el corto plazo.

Hay que insistir en que los gobiernos y sus políticas públicas se encuentran dentro del margen que ha marcado la tendencia internacional; la reapertura no obedece a un presupuesto natural sobre el desarrollo de la enfermedad, sino al análisis de la resistencia económica, y estamos cerca del límite.

El saldo humano del COVID-19 lo apreciaremos hasta el próximo año; por el contrario, su efecto económico lo sentiremos en los próximos meses, cuando se conozca la capacidad de reestructuración de la economía y, con ella, las fortalezas de las familias y de la sociedad.