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Publicado en OPINIÓN

La Línea Rota

Martes, 14 Julio 2020 09:36 Escrito por  Francisco Paredes

La vulnerabilidad de la justicia

A nadie le gusta que le pateen la puerta de su casa, y mucho menos que se metan con los suyos. Sin embargo, la vulnerabilidad que ha demostrado la Fiscalía mexiquense durante las últimas dos semanas no tiene precedentes, al menos no en tiempos recientes.

Está sobrentendido que en México el crimen organizado ha sobrepasado al Estado en todos los niveles y rincones del país. No existe un sólo lugar que no haya sido trastocado por la violencia a gran escala que se ha desarrollado por causa de distintos grupos delictivos; pero el Estado de México se ha convirtido en un catálogo de delitos minimizados por una administración tras otra.

Por el contrario, los cuerpos de seguridad y procuración de justicia han registrado algunos hechos violentos en su contra, pero no de forma generalizada, como ha ocurrido en otras entidades. Los atentados contra la FGJEM en los últimos días son algo distinto, una declaración de guerra real que ya ha causado las primeras bajas del lado de la policía ministerial.

Más allá de esperar una reacción rápida y contundente por parte de las fuerzas del Estado, es necesario que las autoridades revaloricen el panorama generalizado de violencia registrado en territorio mexiquense, porque la operación de este tipo de agrupaciones delictivas en diversas zonas de la entidad no es algo nuevo, pero se les ha dejado crecer, y en el caso particular de la Familia Michoacana, reagruparse después de haberse hallado a punto de desaparecer.

No hay forma de explicar la operación de estos grupos en el sur del Edoméx sin la complaciente mirada de las autoridades; no de las instituciones, pero sí de los personajes: policías, ministerios públicos, policías de investigación... Basta con recordar que aún continúan desaparecidos dos notificadores del SAT desde hace varios años, de quienes, por cumplir con sus labores en Amatepec, nunca se volvió a saber nada; y ni hablar de los muertos y desaparecidos en aquella región, donde no se tienen visos de conocer la realidad.

La Fiscalía General de Justicia del Estado de México no puede permitir que continúen cazando a sus elementos como hasta ahora. Ya no sólo está en juego el estado de derecho, sino que el mensaje que envía es una muestra clara de severa crisis y vulnerabilidad internas que serán utilizadas, no sólo por los grandes grupos delictivos, sino por todo aquel que se sienta con "los tamaños" para retar a una de las corporaciones más importantes del país. Este reto debe ser asumido como un revulsivo para la corporación que, finalmente, es la encargada de investigar los delitos cometidos en el Edoméx e impartir justicia entre la ciudadanía.

Por cierto, dicen que esta situación ha puesto muy nerviosos a los altos mandos de todas las corporaciones, pues muy pocos, o casi ninguno, se ha salvado de alguna amenaza del crimen organizado.