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Publicado en OPINIÓN

La motivación del poder

Domingo, 05 Julio 2020 23:56 Escrito por  Pedro Chuayffet

A poco más de dos años de su contundente derrota electoral, los antes hegemónicos PRI, PAN y PRD han sido incapaces de reponerse y ser competitivos electoralmente para contrapesar al, hasta ahora, único partido: MORENA. Las tres instituciones políticas conjuntaban, tras el proceso electoral federal de 2015, más de 62% de los votantes, y después del 1 de julio del 2018, tan sólo 38%. Ninguna de las tres fuerzas políticas comprendió el mensaje de la ciudadanía y el fuerte rechazo de sus formas, errores, escándalos y la falta de resultados luego de 18 años de promesas inconclusas de prosperidad tras la instauración de la democracia electoral en nuestro suelo. Sin autocrítica, han flotado durante los últimos 24 meses, repitiendo la insostenible consigna que afirmaba la existencia de un México
próspero durante la más reciente década y media, como si no hubiera existido la desigualdad, violencia y debilidad institucional que hasta hoy nadie ha sido capaz de resolver.

Han sido incapaces de contrapesar a MORENA y capitalizar sus errores, porque no se preocuparon por reformarse internamente siendo autocríticos en cuanto al análisis del rechazo electoral de 2018. Muchas de las grandes figuras de los otrora grandes partidos políticos se desempeñaron sin comprender las necesidades del pueblo mexicano y, hoy por hoy, mantienen esas formas, y hasta conservan premios y cargos los más desacreditados autores de sus capítulos más oprobiosos. Mantienen distancia con la realidad social con una nueva dinámica basada en la continuidad de sus formas, un nuevo discurso golpeador y un vacío conformismo con el aplauso de la militancia. Ningún partido se ha acercado genuinamente a la ciudadanía y dejan desamparados a quienes no se sienten representados por el gobierno actual. Las grandes mayorías que llevan décadas esperando más oportunidades no tienen alternativas de cara al 2021 por culpa de la soberbia partidista.

Y como es evidente la debilidad de cada uno, hoy buscan tejer coaliciones de ideales, orígenes y costumbres diametralmente opuestas. Se desgastaron por sus prácticas, y pareciera que, en su búsqueda de reconquistar el poder, apuestan por descender otro peldaño en su erosión, diluyendo su identidad con la pretensión de acumular poder. La ciudadanía paga los platos rotos al no encontrar en la limitada oferta democrática un partido que represente con sinceridad los intereses de la mayoría y los conjugue con la capacidad para edificar un mejor contexto, contrapesando al poder hegemónico. Cuando las coaliciones no nacen de coincidencias ideológicas, lo más probable es que se pretenda la captura del poder. Si no te cohesionan tus creencias políticas, lo hace tu ambición por acumular. Los tres grandes partidos de oposición nacieron, se han desarrollado y sostienen ideas que no sólo son distintas, también han sido antagónicas a lo largo de sus historias. Si con sus acciones no representan a la población y pactan en las cúpulas, lo obvio es que sus móviles sean en torno del poder y no de la vocación política, ni mucho menos de la búsqueda de justicia para el pueblo.

Los mexicanos padecen estos vacíos ideológicos al quedar fuera de las alianzas que centran sus agendas en la obtención del poder y no en la búsqueda de un desarrollo democratizado. Si el plan político de los partidos se basa en reconocerse débiles, y como solución se pretende generar alianzas antagónicas, es porque la solución de las problemáticas nacionales no forma parte de sus prioridades, únicamente la consecución del poder. Si las intenciones de buscar lo mejor para los mexicanos fueran genuinas, no habrían mantenido sus mismas prácticas durante los dos últimos años, se habrían acercado a la ciudadanía y, sin necesidad de sumar fuerzas, habrían conformado programas políticos basados en los reclamos sociales y no en las prioridades cupulares. Han pregonado fortaleza política, pero las alianzas solamente muestran su debilidad.

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