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Publicado en OPINIÓN

Los grupos que no entendieron

Lunes, 09 Noviembre 2020 00:01 Escrito por  Pedro Chuayffet

México atraviesa momentos difíciles. Desde hace décadas no se puede hablar de avances reales en el combate a la corrupción, disminución de la desigualdad, generación de oportunidades y vías para garantizar el pleno acceso a los derechos más apremiantes. Los mexicanos, cansados y con una enorme molestia justificada, han enviado dos fuertes mensajes a través de las urnas, votando en contra del sistema político en el 2000 y 2018. En ambas ocasiones se generaron altas expectativas al enfrentarse en la narrativa a una élite política que se sirvió del poder y no lo utilizó para enfrentar las principales dolencias del pueblo de México.

Hoy en día, los miembros de esas minorías son quienes lanzan críticas y alternativas opositoras, cuando precisamente ellos cansaron a la gente con la falta de resultados. No hay forma en que se conviertan en paladines de la justicia aquellos que, por décadas, lucraron con las instituciones para beneficiarse. Por omisión o con intención, olvidaron a decenas de millones de compatriotas al ejercer la actividad pública y privada sin solidaridad y con privilegios surgidos de pactos hechos en la cima. Hay poca validez en los clamores de aquellos que callaron durante los más grandes escándalos de corrupción y en las decisiones más ineptas del pasado. Hoy por hoy, estamos lejos del desarrollo y sobran las críticas a políticas públicas que no han favorecido a los mexicanos, pero no hay credibilidad en quienes antes callaban.

México, como cualquier democracia, requiere de una oposición para bien de las instituciones. Pero los contrapesos no deben venir de las élites que ignoran a las mayorías, de esas cúpulas alejadas de la realidad social y que ven el ejercicio del poder como la manipulación de los cargos para beneficio particular. Las alternativas deben venir del pueblo, de una genuina unión ciudadana que se desenvuelva con cercanía a las necesidades. Es forzoso construir alternativas con intención de generar condiciones para el desarrollo de todos, y no sólo de grupos poderosos que, con la molestia de reconocerse alejados del poder, intentan recuperar lo perdido para, como antes, beneficiarse del Estado.

Nuestro país demanda opciones políticas y cambios profundos, pero es inaceptable el esfuerzo de las élites que ignoraron a la gente. Solamente la ciudadanía puede hacer lo necesario para el bien de todos.

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