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Publicado en OPINIÓN

Militarización

Domingo, 26 Julio 2020 23:29 Escrito por  Pedro Chuayffet

Con la más reciente asignación de las aduanas al ejército, nuestras fuerzas armadas han acumulado una función más de las muchas que se les han ido otorgando desde el inicio del sexenio. Además de generar polémica dentro del gobierno, y desencadenar la renuncia de Javier Jímenez Espriú, ex Secretario de Comunicaciones y Transportes, la decisión del ejecutivo levanta dudas en la sociedad y la comentocracia. La voluntad del presidente López Obrador por designarles cada vez más competencias a nuestras fuerzas armadas, ha impulsado sospechas y genera especulación sobre la verdadera motivación detrás de esa tendencia y las potenciales consecuencias a corto, mediano y largo plazo. Es verdad que, en materia de seguridad pública, desde tiempos de Calderón, se ha determinado la incorporación del ejército a estas tareas, sin embargo, en menos de dos años de la actual administración, se han hecho de cada vez más responsabilidades.

Dentro de las competencias de las fuerzas armadas destaca, actualmente, su participación en obra pública construyendo en los grandes proyectos del sexenio como el Tren Maya y el aeropuerto de Santa Lucía, en seguridad interior a través de su incorporación a las tareas correspondientes a las policías y formando una Guardia Nacional, en el sistema de salubridad resguardando hospitales en tiempos de pandemia, además de la reciente expansión de actividades a la administración de aduanas. El presidente parece muy inclinado a utilizar a los militares para cada urgencia, imprevisto o corrección a la administración pública; alimentando en el imaginario colectivo las dudas sobre las motivaciones y pretensiones detrás de la creciente tendencia a incorporar a las fuerzas armadas al servicio civil. Cada vez se acumulan más funciones en la Secretaría de la Defensa y no es claro si es por la lealtad hacia el ejecutivo, la cercanía de los altos mandos con nuestro primer mandatario, por tratos e intercambio de favores o por el reconocimiento de AMLO hacía la capacidad de ejecución de la milicia.

De esta circunstancia esta obligada la reflexión popular sobre lo que queremos de nuestras instituciones como sociedad, es imperativo analizar y replantear el rol del ejército en la vida pública de la nación. Por ejemplo, los últimos tres gobiernos han abandonado la construcción de policías eficaces para confiar a las fuerzas armadas todo lo referente al combate criminal y seguridad pública. Por tomar ese atajo, se ha desterrado la edificación de instituciones civiles que protejan la vida y velen por el orden del país. Ahora que a esto se suman más labores, y se concentran más facultades, debemos pensar en rutas para fortalecer las instituciones civiles y lograr en ellas la capacidad suficiente para resolver las principales coyunturas del país. Si el tiempo transcurre y los mandos políticos optan por ceder la ejecución de políticas a nuestros militares, pasará como con las policías y se abandonarán las instancias civiles hasta debilitarse y no ser capaces de servir a la población.

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