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Publicado en NIMIEDADES

Nimiedades y Barbaridades

Miércoles, 10 Junio 2020 11:19 Escrito por  G & C

COVID-19 y adiós al ciclo escolar 2019-2020

La pandemia nos ha dejado muchas lecciones, tanto a quienes sí están convencidos de la gravedad y magnitud de la crisis provocada por el coronavirus, como a los incrédulos e inconscientes sobre el fenómeno que tiene al mundo en jaque. Las enseñanzas son demasiadas y ojalá que sirvan para hacernos mejores ciudadanos y tener presente que, si sobrevivimos al COVID-19, podremos contar nuestra propia historia, lo que lamentablemente no harán nuestros conocidos víctimas de este virus.

El mundo vive una situación tan incierta que la única forma de garantizar que podremos volver a estar en convivencia y cercanía, será hasta que exista una vacuna capaz de contener los estragos que ha causado el SARS -Cov-2. Mientras tanto, todo lo que se diga y haga será confundir, generar incertidumbre y sembrar miedo en las personas. No es una NIMIEDAD.

Esta incertidumbre me recuerda la pregunta, con dejo de nostalgia y mucha preocupación, que me hicieron alumnos a quienes les imparto clases virtuales desde que inició la Jornada Nacional de Sana Distancia: ¿Regresaremos a la escuela, concluiremos el semestre? Hace dos semanas mi respuesta fue: “No lo sé, yo espero que sí. Y de ser así, ocurrirá hasta la primera semana de junio”. Ahora, con certeza respondo que NO, no será posible concluir el semestre en las instalaciones de la facultad. Una cruel verdad. Una BARBARIDAD.

El curso seguirá siendo en línea, y será hasta agosto cuando, primero, los académicos podremos regresar a la actividad presencial, y hasta el 2 de septiembre lo harán los estudiantes, si y sólo si el semáforo epidemiológico llega al color verde; si no, tendremos que iniciar el nuevo semestre con las clases en línea. Mientras tanto, me seguirá taladrando los oídos la espontánea expresión de un estudiante que, antes de concluir la sesión en línea del martes pasado, gritó a sus compañeros: “los extraño, ya los quiero ver. Que esto se acabe pronto, para estar con ustedes otra vez”.

Esta es una de las tantas lecciones que la pandemia me ha dejado: observar a los jóvenes desesperados por la falta de convivencia entre ellos y ese deseo de volverse a ver, a encontrarse en las aulas y abrazarse. Me queda claro que, a diferencia de los incrédulos, los estudiantes hoy valoran el espacio educativo y extrañan a sus compañeros de aula, con quienes solían planear volarse una clase, juntarse a estudiar para el examen o reunirse en la biblioteca; o bien, para tomarse un refresco, café o té en la cafetería de la escuela; hacer la travesura de esconderle la mochila al compañero; hacer de cupido; guardar el secreto del chico o chica que les gustan. Hoy todo lo hacen desde sus dispositivos móviles pero, obviamente, no es lo mismo, porque hasta antes de la jornada de sana distancia y del confinamiento, mandaban el mensaje al celular dentro de un mismo espacio y sus miradas los delataban. Ahora, desde sus casas y confinados, saben que no hay manera de estar en la escuela.

Un estudiante comentó en una clase en la que se preguntó que si, de regresar en junio, ¿se haría una convivencia? Muy firmemente dijo: “Yo no asistiré. Mi padre es médico y me ha advertido del gran riesgo que existe. Volveré a la escuela hasta que haya condiciones plenas”. Respetable y acertada postura. Ojalá los incrédulos, esos que salen a la calle sin ninguna medida preventiva, sintiéndose inmunes, tomaran en cuenta las palabras de los estudiantes, que sí quieren estar con sus compañeros y de quienes han tomado la decisión de quedarse en casa hasta que estén dadas las condiciones para asistir a clases. E hicieran caso. Porque tengo en claro que la solución está en los ciudadanos, pero sólo si acatamos las indicaciones; de lo contrario, seguiremos con el semáforo en rojo.

Muy triste, ¿verdad?

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