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Publicado en OPINIÓN

Panorama local

Lunes, 30 Noviembre 2020 00:01 Escrito por  Pedro Chuayffet

En medio de una crisis histórica y dolorosa para millones de familias mexicanas, las élites políticas de diversos municipios del Estado de México han mostrado poca sensibilidad, ética e ideología, dejando en claro que, para ellos, la gente y su bienestar es lo de menos, mientras quienes padecen de duros rezagos les sean útiles para satisfacer su vanidad, alcanzar sus ambiciones y conseguir acumular más dinero y poder. No les importa construir rutas para la igualdad mientras puedan edificar caminos que los lleven a capturar posiciones políticas y gozar de sus privilegios.

Los mexiquenses enfrentan un panorama adverso, no sólo por la situación sanitaria y económica, también por la amenaza de ser gobernados desde 2021 por inexpertos y ambiciosos sin mayor mérito que el de invertir cantidades absurdas en promoción mediática. Amagan con capturar los Ayuntamientos personajes que se presentan como presuntas figuras de las élites empresariales, admitiendo en esa descripción su falta de conocimiento de la realidad social, el funcionamiento de las instituciones y lo que representan al posar como miembros de una minoría alejada de la situación de millones de compatriotas. Además, su falta de ideología, experiencia y preparación la sustituyen con mañas propias de lo más rancio de la política, tratando de corromper el andamiaje democrático a través de pagos a la prensa, partidos políticos y cabezas ciudadanas. Son capaces de erosionar las instituciones y su relación con la sociedad con tal de alcanzar su meta: utilizar el poder y los recursos de la gente para beneficiarse a si mismos y a sus más cercanos.

Bajo ninguna circunstancia debe permitir la gente que sus Ayuntamientos sean capturados por ambiciosos sin proyecto e ideales. Si ciertos actores consiguen acumular poder a partir de rancias prácticas, la mayoría padecerá un nuevo trienio de estancamiento, corrupción e injusticias. No puede repetirse la terrible inercia de pervertir la democracia para beneficios particulares y opresión de las masas; no pueden prostituirse las instituciones democráticas al grado de premiar a quienes no tienen más logro político que el de poseer dinero. Transitamos una coyuntura compleja, y a ellos ni siquiera les importan los riesgos sanitarios de concentrar a la gente para lucrar con la necesidad.

Es momento de establecer mecanismos de cribado y filtros políticos para evitar que grises actores de mediana estatura política puedan comprar espacios de participación. Quien paga para llegar, llega para recuperar lo pagado, y si la sociedad permite que la improvisación adinerada secuestre sus instituciones, el pueblo padecerá las consecuencias de ver sus recursos utilizados para beneficiar a particulares. Es intolerable la incursión de ambiciosos sin nociones.

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