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Publicado en OPINIÓN

Rémoras de la democracia

Domingo, 02 Agosto 2020 22:37 Escrito por  Pedro Chuayffet

México no obtiene ningún beneficio de los pequeños partidos que utilizan su espacio en la política para negociar privilegios, fortalecer hegemonías, quitar lugar a movimientos legítimos y acumular poder y dinero para sus dirigentes.

No representan a la gente, no ven por el interés de las mayorías, no soportan causas que no les reditúen en el comercio de prerrogativas con las potencias políticas. En los hechos, han aportado poco o nada a la edificación de un mejor país y, con evidencia en su accionar, han mostrado que su desempeño en el servicio público ha tenido como resultado el beneficio de las minorías dirigentes. Han hecho de la política su negocio, han encontrado en el servicio un hueco para forjar fortunas y conseguir privilegios, resultando desagradables ante los ojos de una nación que requiere de buena política debido a la pobreza, violencia y desigualdad que azotan diariamente a millones de mexicanos.

Nada positivo ha llegado de los partidos pequeños. Sus mejores resultados han sido la acumulación de dinero y poder para sus cúpulas, la negociación de posiciones legislativas y cargos menores en gabinetes estatales y federales, y la consecución de privilegios a costa del ejercicio público. No han conquistado derechos para los mexicanos, no han enarbolado reformas de fondo, no han representado el interés popular, no se han manifestado en contra de los escándalos más oprobiosos de la política. Sus hazañas más relevantes han llegado del intercambio de favores con institutos políticos necesitados de adeptos para consolidar sus proyectos. Sus victorias más remarcables han sido para satisfacer las ambiciones de los hombres encargados de sus dirigencias y no para saciar los anhelos de igualdad de más de 50 millones de mexicanos sumidos en la pobreza y desigualdad.

La partidocracia debe ser reformada para evitar la participación de aquellos que pretenden hacer negocio de la militancia y la vida pública. Es lo más deshonroso utilizar, para beneficios particulares, los mecanismos diseñados para edificar oportunidades. Los partidos deben ser la voz de los distintos sectores de la población, y no un negocio donde se lucra con ciertos ideales para sacar ventaja económica, cargos y concesiones. Hacer negocios a costa de las instituciones de la gente es lo más deshonroso, y por esa razón es imperdonable la existencia de plataformas políticas encargadas de simular para hacer dinero y enriquecer a sus cabecillas.

Como sociedad, estamos obligados a demandar más de nuestro sistema y lograr que en la arena pública únicamente haya partidos con ideología, competitivos electoralmente y cercanos a la población. No podemos permitir que nuestros impuestos sigan manteniendo a ambiciosos que viven y se promueven a costa del mal uso de nuestra democracia. Si los dueños, jefes y cabecillas de los partidos pequeños anhelan una vida de acumulación, deben buscar su lugar en el mundo de los negocios y no en el servicio público.