La derrama económica que la FIFA distribuirá entre los participantes del Mundial 2026 pasará por un filtro inédito en la historia de las sedes mexicanas: la retención del ISR. El SAT ha determinado que los premios en efectivo otorgados por alcanzar fases como los octavos o cuartos de final son sujetos de gravamen si dichas etapas se disputan en México. Esta disposición asegura que el Estado mexicano participe de las utilidades que el espectáculo del fútbol genera, eliminando las exenciones que tradicionalmente se otorgaban a los deportistas de élite.
La tasa del 25% sobre el ingreso bruto es una cifra significativa que obliga a los jugadores a tener una planeación financiera rigurosa desde el inicio del torneo. A diferencia de un residente nacional que puede realizar deducciones personales, el futbolista extranjero debe cubrir este porcentaje de manera íntegra sobre lo percibido. Esta rigidez fiscal busca simplificar la recaudación y evitar que se utilicen estrategias de evasión comunes en el pasado, garantizando que el proceso sea transparente tanto para el contribuyente como para la autoridad.
Un aspecto relevante es la logística de las sedes: Estadio Azteca, Estadio Guadalajara y Estadio Monterrey. Al ser estos los únicos puntos de competencia oficial en el país, el SAT ha diseñado un sistema de geolocalización de ingresos. Si una selección tiene su campamento base en Estados Unidos pero vuela a Monterrey para un solo partido, la carga fiscal será mínima comparada con un equipo que juegue toda su fase de grupos en la capital mexicana. Esta distinción geográfica es vital para la equidad en el cobro del impuesto proporcional.
El papel de los asesores fiscales será determinante para navegar los convenios de doble imposición. Las selecciones de la UEFA suelen tener ventajas competitivas en este ámbito debido a los robustos tratados que sus países mantienen con México. Por el contrario, jugadores de mercados emergentes podrían ver mermadas sus ganancias netas de forma sustancial. El "marcaje personal" del SAT no discrimina nacionalidades, pero el marco legal internacional sí ofrece rutas de alivio para quienes tengan su documentación de residencia fiscal en perfecto orden.
Con la mira puesta en el 19 de agosto, el cierre del ejercicio fiscal post-mundial será una prueba de fuego para la eficiencia del SAT. El cumplimiento exitoso de esta norma validará a México como un anfitrión responsable que sabe equilibrar la pasión deportiva con la responsabilidad hacendaria. Al final del día, el objetivo es que el Mundial 2026 no sea solo un recuerdo de grandes jugadas, sino un ejemplo de cómo los eventos de clase mundial pueden y deben contribuir al desarrollo económico de la nación anfitriona.



