La exposición prolongada a contaminantes atmosféricos como el dióxido de nitrógeno y las partículas en suspensión podría ralentizar el procesamiento mental, deteriorar la memoria e incluso provocar cambios en la estructura del cerebro en la vejez, acelerando así el deterioro cognitivo.
Así lo dio a conocer un nuevo estudio publicado en la revista The Lancet Healthy, el cual contó con la participación de investigadores de la Universidad de León (España) y el King´s College de Londres (Reino Unido).
Durante la investigación, el equipo se centró en adultos de mediana edad (45-64 años) y evaluó su exposición a dióxido de nitrógeno, óxidos de nitrógeno y partículas de suspensión. Posteriormente, se enfocó en adultos mayores (69-71 años), analizando tanto su rendimiento cognitivo como su estructura cerebral mediante pruebas de memoria, velocidad de procesamiento y resonancia magnética.
Gracias al uso combinado de datos ambientales y neuroimágenes, los autores se percataron que una mayor exposición a dióxido de nitrógeno y partículas de suspensión durante la mediana edad se asocia con un procesamiento más lento y con un deterioro de la función cognitiva en la etapa final de seguimiento.
Aunado a lo anterior, los resultados arrojaron niveles elevados de óxidos de nitrógeno que se relacionaban con una disminución en el volumen del hipocampo; mientras que la exposición a dióxido de nitrógeno y partículas en suspensión se vinculaba a un aumento de los ventrículos cerebrales, indicadores que tienen que ver con procesos de atrofia cerebral.
“Nuestra investigación aporta nueva evidencia de que la contaminación atmosférica tiene efectos duraderos sobre el cerebro humano, más allá de sus consecuencias en la salud física”, precisó Ashley Barnes, líder del grupo.
“Indudablemente, estos hallazgos refuerzan la necesidad global de avanzar en políticas de reducción de emisiones como una estrategia esencial de salud pública para proteger la función cerebral a mediano y largo plazo”, concluyó.